Y en estas plegarias enhebradas
a golpe de espada y canto, nos traslada a la noche de los tiempos. Cantar a los
muertos a sus ánimas benditas, aliviando desde esta dimensión un purgatorio
transitorio, generoso ante lo que nada sustenta la vida, se convierte en el romancero
de las cofradías de cantos del siglo de oro y el barroco, algo tan antiguo que se
pierde en el costumbrismo de las fechas y que solo se explica como la muerte
misma y su agonía en el despido de este mundo. Los Ranchos de ánimas en canarias
formaban parte del tejido social de la cristiandad con el carácter improvisado
de una prosa de rosario que retroalimentaba las letanías, nombrando a los
muertos y a la limosna de los vivos para que, con su consuelo de trovadores de
ánimas, los muertos y los vivos encontraran la conexión y la iglesia un nuevo
sustento con el ejercicio de la despedida.
Anoche bajo el consuelo
lacrimoso de la lluvia otoñal entrañable del rincón de Tenteniguada. Entre los grandes
farallones que los sostienen, el eco de sus lamentos se mezclaba con la cortina
de niebla formando un paisaje celestial en la memoria. Agustin Calderin, el
ranchero mayor de Valsequillo con su porte de patriarca de ese rancho tan consolidado,
nos comentaba que tan solo la tradición alimenta una esencia tan antigua de la
que se siente orgulloso, que se sigue sorprendiendo como las nuevas
generaciones no conocen su existencia y que solo su lealtad con la vida y la
tradición le honra llevar las riendas del Rancho de Valsequillo. Agustin se
muestra firme en su convicción del futuro de este fenómeno de herencia y usanza,
noche como las de ayer en la que el pueblo es un rancho más, que quiere
escuchar la letanía de conectar con sus muertos, se acercan con el respeto de
lo antiguo y el llanto de los cantos casi ininteligibles de este milagro cultural
de supervivencia.
Paquito Sánchez es la sonrisa
amable y el orgullo de honor de los rancheros, toda una familia conectada al
canto y la improvisación, sus hijos y nietos forman la espina dorsal del futuro
de este colectivo, chavales jóvenes educados en el valor de la tradición como
fenómeno de cultivo, con los mayores arropando la continuidad con las voces
desgarradas, silenciadas, entonadas de sus rimas, a veces rotundas a veces
salvadas por el murmullo de sus silabas y consonantes. Sus nietos entienden de
la estructura de la prosa y añaden intensidad y lamento para romper la
monotonía del rosario a golpe de triangulo, rasgueo de timple y templanza de
guitarra, con la hoja de espada brillando al compás de la lucha por la conexión
entre la muerte y la vida, duelos y cruzadas antiguas de caballeros luchas y
batallas que se mezclan con el careo de enfrentar a la muerte en su último
lamento de despedida, En su recuerdo perenne queda la sencillez de una lumbre:
la lágrima de una vela cobijada en un farol en las andanzas, una llama que guía
a los espíritus errantes que no descansan o una señal que mantiene iluminada el
pasillo del cielo

El Rancho de ánimas
sorprende, asusta por la tangible realidad con la que se conecta con la muerte
a la vieja usanza, con la ringlera del canto, con la nobleza de ser los custodios
de las fronteras de este mundo. Antonio Sánchez es otro de los pilares que
añaden fortaleza y antigüedad al rancho en sus golpes de tambor la melodía se
encaja formando el eco que repite la estrofa que adorna la plegaria.
El Rancho de ánimas de
Valsequillo y su gloria de supervivencia es un bien de interés cultura y
patrimonial, una realidad palpable de la que la sociedad canaria se siente
orgullosa de su existencia y en sus rangos de rancheros guiados por el ranchero
mayor está la nostalgia de lo antiguo. La realidad de un pasado que nos
conectaba sin móviles al más allá, con la ternura del respeto, con el cariño de
la familia y sus desamparos.
Alivio y consuelo en la fortaleza
de sus actos, honor y orgullo en su manifestación.
Mientras la lluvia seguía
llorando la noche del Rincón de Tenteniguada, el rancho seguía rezando con
canto las peticiones, de los presentes que atrapados por el misterio del mantra
antiguo aprovechaban ese honor de conexión del siglo XXI
El rancho de ánimas se ha
convertido en el tesoro cultural del nuevo siglo, en un circo de trovadores del
pasado, que danzan como una tribu primaria su conexión con la muerte y lo
desconocido. Ellos solo quieren respeto por la tradición y la limosna de la
contribución heredada, para aliviar a los necesitados de espiritu o penuria cristiana.
Larga vida a este fenómeno de
la cultura canaria que ha sobrevivido a la conquista como el grito de silencio
que se escucha en las catedrales.