Solo un sibarita taciturno y
melodioso es capaz de casarse con la guitarra para alimentar sus penitencias,
enamorarse del solfeo como beata de convento en epifanía o dejar seducir con un
timple, como soldado disciplinado del murmullo sonoro, capaz de extraer el oro
musical de la mina del camellito. El loco de las plataneras y su gigantesca
bondad

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