Era tan pronto,tan pronto, que el sol encontró dormida a la luna;
y ella avergonzada, tapó su cara a la luz de su desvelo,
y siguió balanceándose en la cuna de su cielo.
Y el con su candida ternura cubrió su cuerpo de nubes blanquecinas, dejando que se diluya en un último sueño de dulzura, mientras ilumina a ese día que vaticina.
El despertar llega como un cuento
para que la vida escriba su destino,
pues lo viviente está marcado con un sino que a cada cual da experiencias diferentes.
La creación se repite día a día en esa noria que el tiempo menea,
y cada episodio marcará su melodia,
que quedará en pasado para que el presente vea.
El futuro se abre con ventanas
que asoman al infinito del será.
Los augurios son presagios de un mañana que los duendes de la vida en el renglón vacío escribirán.
Y ahora despierto pero somnoliento de mi sueño,
a la luna con agua clara,despejo de mi faz.
Y me irradio de esa luz que a mí cuerpo hace dueño de los pasos que marcan cada huella de mi estar.
Manrique.
Con qué placer meces la luna, como si el cielo fuera una cuna suspendida,
como si la noche aprendiera de tus manos, el arte secreto de despertar.
Desde este paraíso azul de mar, la aurora gira, danza, insiste.
Las horas se diluyen en la oscuridad, mientras la libertad se llena de luz.
Hay noches que sueñan en silencio, que laten despacio
esperando el instante exacto, en que todo florece.
Luz que no termina nunca. Luz que pronuncia tu nombre en lo infinito.
En algún lugar —hermoso, intacto— la razón respira en armonía.
Y si la luz no se quiebra en el miedo, si la noche aprende a florecer,
es por la huella serena de Pedro, que sabe alumbrar sin aparecer
Poetas en la oscuridad…
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