Que noche tan
larga, llena de duendecillos que atrapan la luz
Que destilan
los sueños, que se mecen en los páramos de tu imaginación, aunque llegue la
escarcha y el frío tirite; tus rimas son caudal de afluente de cumbres llenas
de manantiales que emocionan la vida, sacuden las almas y añoran los silencios.
Que esa melodía del bosque de tus palabras, no apague la llama del poeta que
canta a la noche y a las altaneras estrellas de tu galaxia amiga.
Querido Pedro,
siempre en el riachuelo de la vida, salpicando las emociones de sentirla.
Que no falte
el cauce ni la sed, ni la noche donde cantar despacio.
Porque mientras alguien nombre la luz—aunque sea en voz baja—
el poeta seguirá despierto.

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