La grandeza en el arte de
hacer reír brilla, cuando las emociones son labradas con el pensamiento, con cariño,
recuerdos, detalles y con las historias reales del pueblo. Maestro Florido, estuvo
inmenso ante un teatro ajundio de personas cercanas, su calidad humana se hizo
más grande, arrejuntando todo su público, que se ha partido el pecho y el
pensamiento de reír, de las ocurrencias de este hombre. Artesano de la risa.
El Lomo magullo “empeso”, gentes
de todos los pueblos, artistas y compañeros de escenario, amigos todos de este
hombre tan cercano a la gente, que permiten que les estrujen y abrasen cada uno,
para saber que es real. Veinte años, parece
que es un pizco y arrejunde, para labrarse el respeto y el cariño de toda
canaria.
Anoche el Teatro Juan Ramón Jiménez, rebosó de cultura alegre y llana de la tierra, era una enorme caja de sonrisas, era un concierto del descojono en Mi mayor, ocurrencias y arrancadas, expresiones que devuelven al maestro al redil del guion. Eleuterio el albañil, especialista en arreglos complicados de baños, llegó temprano, antes de arrancar la función. Un personaje fresco que muchos desconocían y que gustó por su impronta cercanía de la realidad, su tartamudeo y tolerancias mundanas, encontró el hueco para el ajuste y el alicatado
Sebas, privó con su timidez
la tertulia y el comentario detrás de las cortinas, apoyando al maestro en sus
discursos, a los que exigía ceñirse al guion. Pero no falto el cachimbú,
carmelillo el lagarto y tantos otros personajes y amigos de su pueblo y de su
risa. Los primeros fieles que le empujaron a subirse al teatro de “Tabercorade”
Nenorita entró por teléfono,
en una llamada improvisada y saldo su identidad con la gracia de tantas otras Nenoritas,
afincadas en nuestra tierra y lúcidas en el entendimiento del pueblo.
El maestro, saca brillo al
cuento, enhebra el detalle y te sube a la imaginación y ralentiza el acontecimiento,
para reír y volver a reír, entre el suspense y la gracia de su humor magnifico,
la observación es capaz de llevarla al límite de un cuento suspendido, para
rematar con la gracia de su maestría, el golpe que relaja la seducción y
escarba en la risa.
Su arte cumbre de exhibición,
-El Fred Asteire, encantado- fue el baile. Los distintos tipos de bailadores
que se regalan en las verbenas y que detrás de este antifaz aparece la gracia y
el jango de cada uno. Una coordinación trabajada, pensada para agradecer la
coherencia a un público entregado al aplauso y al cariño de su ídolo, casi sin
aliento remataba las jugadas como solo los grandes son capaces de bordar.
A maestro Florido se le
quiere, por cercano, por humilde, por hombre del pueblo, por tener los pies en
la tierra que le vio nacer siempre. Profeta de los que Telde y Canarias, siempre
se siente orgulloso. Por que su trabajo por la risa es un cuento enorme, lleno
de investigación, de charlas con los mayores, de curiosidad, de la poesía del
verbo, de andurriales, de barrios, de fiestas patronales, de cantinas, de
verbenas, de teatro, de profesiones, de sencillez, de escuela de la vida, de
una cercanía que le hace humano y radiante de una impronta que le hace tenaz y
artista.
Anoche entre su público más
selecto, había un personajito -meses- intenso agarrado con una mano de la blusa
de Carmen, el miraba y sonreía a todos los que le dedicaban un destello de reconocimiento.
Era David el hijo más pequeño, que junto a su hermano Diego, estaban escuchando
a su padre, orgullosos de su decendencia. sus seres queridos, su familia, Era
como el día del padre, y no faltó, ni la tarta de cumpleaños, ni la banda de
cornetas al son más popular de canarias.
Quería y quiso regalarle al
pueblo, Que vivir, veinte años del cuento trabajando para que la risa, nos haga
más fácil la vida, no es fácil, pero es afortunada en valores, e intensidad. Pocos
artistas reciben la admiración de todos, como regalo, El maestro se ha ganado
el respeto una vez más, sus ocurrencias son de una profesionalidad exquisita.
Su talento una gracia compartida y del pueblo. Su humildad para recordar a los
grandes, para honorificar a sus maestros, de una naturaleza inmensa.
Antes de la entrada al teatro,
tantas caras conocidas con la misma expresión de felicidad. ¿Y tú qué? Decían. Nada,
aquí vamos a reírnos un rato, con este cabrito. Y es que, con el maestro florido,
cuando engancha la hebra, te puedes partir de risa… Tiene cada ocurrencia este
muchacho.
Gracias maestro. A por otros
veinte.
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