Suspiros
libertarios, pensamientos que aligeran,
reproches y conatos, sustancias imantadas,
desatando alegorías, rimas en cascadas,
mientras golpea el eco y el recuerdo venera.
¿Dónde quedó
el pasado, si aún resuenan sus ecos?
Fraguó el olvido aislado suspiros entre huecos,
el camino es errante, igual que la memoria,
y el recuerdo perdurable va hilvanando historia.
El olvido no
entiende de raíces ni certezas,
la mente escudriña el tiempo con antigua destreza,
la vida, los sueños, la genialidad escondida,
son luces que despiertan en la sombra de la vida.
Atrapando
instantes, emociones y melancolías,
el alma va trazando sus propias geografías,
alumno intrépido que desafía las andanzas,
creando en cada herida melodías de esperanza.
Esta mañana el
cielo amaneció tan azul e intenso,
que solo quise guardar su color sobre este lienzo.
Y leyendo a nuestro camarada Pedro,
me vi juntando letras y no me arredro.
Porque hay
mañanas que despiertan la palabra,
como un rumor de luz que el alma labra,
y en cada verso que del pecho brota,
se queda suspendida una emoción remota.
El cielo puso
su tinta en mi mirada,
la memoria su brisa desgastada,
y Pedro, con su voz de compañero,
me abrió de nuevo el surco del sendero.
Así nacen los
versos sin medida,
entre azul, pensamiento y vieja vida,
como quien busca en la luz su propio centro
y escribe para ordenar lo que lleva dentro.
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