Ayer disfrute
del reconocimiento de la poesía, de Jose Mª Millares Sall en el club de lectura
Hypatia. Pero pude entender y descifrar la belleza de las palabras cuando Rosi
recitó la melodía de sus partituras con una frescura transparente que caló, En el
ambiente. descifrando los códigos de la voz.
Hoy el
pensamiento me intimida, me recuerda y adormece
Sin mayor reparo
ni intención, quedé absorto en la emoción y a escribir acontece
No quiero
desvelar poesía escrita en el papel,
sino el pulso que se enciende cuando vibra en otro ser;
pensamientos literarios, hondos, libres, sin atar,
como un cauce que en la noche no se deja descifrar
Lengua que
brota del silencio hermoso del pasivo,
convirtiendo en monumento la literatura recitada.
Palabras encadenadas que hablan de locuaz cautivo
y sacan el perfil altivo de quien se pronuncia en la nada.
Belleza al
encuentro del poeta suscita talante y mirada,
y una reciprocidad comulga; en estas tertulias disipadas
el mar perenne comulga.
Aires de manantiales sonoros en la opacidad del silencio:
no cambia el ritmo ni juzga
la palabra ni el aliento.
Emociones que
se encuentran, surfean y desfilan:
unas al aire cuentan, otras al sol ventilan.
Poeta es aquel
que, buscando melodía,
se encuentra partituras que nunca sonarían;
tiempos de respiro y sentencia,
recuerdos que, nublados de olvido, despiertan
el auxilio de la búsqueda:
un estío expiatorio, una deriva, un promontorio,
una madeja de hilos que, ondulados sobre lana,
siguen el orden encadenado de quien envuelve.
Las caricias
del frío resuelven
y al estío inquebrantable vuelven
por los ventanales del río.
Pájaros de la
mañana que alegres comienzan a piar,
no basta la danza del sol,
ni el temblor dorado que en las cornisas se posa,
si la voz no se inclina a escuchar
lo que en la sombra reposa.
Y el poeta
—sin saberlo— permanece
en ese borde sin dueño,
donde el lenguaje es apenas un sueño
que al pronunciarse acontece.
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